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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">praxeduc</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>Práxis Educativa</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Práxis Educativa. Ponta
					Grossa</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">1809-4309</issn>
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				<publisher-name>Universidade Estadual de Ponta Grossa</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.5212/PraxEduc.v.13i1.0008</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Artigos</subject>
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			<title-group>
				<article-title>Pierre Bourdieu: por una sociología sobre el Estado y las políticas
						educativas<xref ref-type="fn" rid="fn8">*</xref></article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>Pierre Bourdieu: for a sociology about the State and education
						policies</trans-title>
				</trans-title-group>
				<trans-title-group xml:lang="pt">
					<trans-title>Pierre Bourdieu: por uma sociologia sobre o Estado e as políticas
						educacionais</trans-title>
				</trans-title-group>
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						<surname>Amar</surname>
						<given-names>Hernán Mariano</given-names>
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					<xref ref-type="aff" rid="aff1">**</xref>
					<xref ref-type="aff" rid="aff2"/>
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				<label>**</label>
				<institution content-type="orgname">UBA</institution>
				<country country="AR">Argentina</country>
				<email>hamar@untref.edu.ar</email>
				<institution content-type="original">Candidato a Doctor en Ciencias Sociales
					(cohorte 2014-2017, Flacso Argentina). Magíster en Ciencias Sociales con Mención
					en Educación (Flacso Argentina). Especialista en Políticas Educativas (Flacso
					Argentina). Postítulo Docente Profesor en Ciencias Sociales (ISPSA). Licenciado
					en Ciencias de la Comunicación (UBA). Docente-investigador de la Universidad
					Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). E-mail:
					&lt;hamar@untref.edu.ar&gt;.</institution>
				<institution content-type="normalized">Universidad de Buenos Aires</institution>
			</aff>
			<aff id="aff2">
				<institution content-type="orgname">Universidad Nacional de Tres de Febrero
					(UNTREF)</institution>
				<institution content-type="normalized">Universidad Nacional de Tres de
					Febrero</institution>
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			<pub-date pub-type="epub-ppub">
				<season>Jan-Apr</season>
				<year>2018</year>
			</pub-date>
			<volume>13</volume>
			<issue>1</issue>
			<fpage>145</fpage>
			<lpage>153</lpage>
			<history>
				<date date-type="received">
					<day>31</day>
					<month>07</month>
					<year>2017</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>18</day>
					<month>01</month>
					<year>2018</year>
				</date>
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				<license license-type="open-access"
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto (Open Access) bajo la
						licencia Creative Commons Attribution, que permite su uso, distribución y
						reproducción en cualquier medio, sin restricciones siempre que el trabajo
						original sea debidamente citado.</license-p>
				</license>
			</permissions>
			<abstract>
				<title>Resumen:</title>
				<p>En este artículo, se presentan algunas ideas sobre el Estado y las políticas
					educativas materializadas en la obra de Pierre Bourdieu. Con y/o contra el
					pensamiento de Karl Marx y Max Weber, Emile Durkheim y Talcott Parsons, Norbert
					Elias y Louis Althusser, la teoría social bourdieuana construyó una arquitectura
					conceptual que permite comprender el papel del Estado y las políticas sobre
					educación en la producción/reproducción del orden social. </p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract:</title>
				<p>This paper presents some ideas about the State and its education policies put
					forward by Pierre Bourdieu. With and∕or against the thought of Karl Marx and Max
					Weber, Emile Durkheim and Talcott Parsons, Norbert Elias and Louis Athusser,
					Bourdieu’s social theory built a conceptual architecture which leads to the
					understanding of the role of the State and the education policies in the
					production∕reproduction of social order.</p>
			</trans-abstract>
			<trans-abstract xml:lang="pt">
				<title>Resumo:</title>
				<p>Neste artigo, são apresentadas algumas ideias sobre o Estado e as políticas
					educacionais materializadas na obra de Pierre Bourdieu. Com e/ou contra o
					pensamento de Karl Marx e Max Weber, Emile Durkheim e Talcott Parsons, Norbert
					Elias e Louis Althusser, a teoria social de Bourdieu construiu uma arquitetura
					conceitual que permite compreender o papel do Estado e as políticas de educação
					na produção/reprodução da ordem social.</p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>Bourdieu</kwd>
				<kwd>Estado</kwd>
				<kwd>Políticas educativas</kwd>
			</kwd-group>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Bourdieu</kwd>
				<kwd>State</kwd>
				<kwd>Education Policies</kwd>
			</kwd-group>
			<kwd-group xml:lang="pt">
				<title>Palavras-chave:</title>
				<kwd>Bourdieu</kwd>
				<kwd>Estado</kwd>
				<kwd>Políticas educacionais</kwd>
			</kwd-group>
		</article-meta>
	</front>
	<body>
		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p><disp-quote>
					<p>Si hay un acto del Estado, se trata del nombramiento de un conjunto de
						personas reconocidas como habilitadas, socialmente designadas para realizar
						una función determinada; después, la designación de un problema digno de ser
						tratado por personas dignas de tratar los problemas públicos. El problema
						público es un problema que merece ser tratado públicamente, oficialmente
							(<xref ref-type="bibr" rid="B18">BOURDIEU, 2015</xref>, p. 42).</p>
				</disp-quote></p>
			<p>En este artículo, se presentan algunas ideas sobre el Estado y las políticas
				educativas materializadas en la obra de Pierre Bourdieu. Con y/o contra el
				pensamiento de Karl Marx y Max Weber, Emile Durkheim y Talcott Parsons, Norbert
				Elias y Louis Althusser, la teoría social bourdieuana construyó una arquitectura
				conceptual que permite comprender el papel del Estado y las políticas sobre
				educación en la producción/reproducción del orden social. </p>
			<p>No se tiene por finalidad la exposición exhaustiva de fragmentos discursivos de la
				teoría sociológica bourdieuana, que reenvían al Estado y las políticas educativas
				como objeto de estudio. Tan sólo se pretende la mostración de algunas <italic>ideas
					y conceptos, recursivas y circulares</italic> para el abordaje de esta
				problemática. En un movimiento intelectual de apertura (y no de cierre) que invita a
				nuevas y otras posibles lecturas. </p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Estado</title>
			<p>Según <xref ref-type="bibr" rid="B18">Bourdieu (2015)</xref>, el Estado detenta el
				monopolio de la violencia física y simbólica legítimas. Y no sólo los poderes
				concentrados atribuidos al ejercicio de sus instituciones coercitivas: el rasgo
				central enfatizado por la sociología de <xref ref-type="bibr" rid="B31">Weber
					(1993</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B32">2008)</xref>. </p>
			<p>Dotado de poder (y autoridad) simbólicas para construir lo real social a partir de la
				nominación oficial de las cosas del mundo social, y bajo la forma de sistemas
				simbólicos que fundan la doxa y el reconocimiento (sin conocimiento) de todos los
				ciudadanos (<xref ref-type="bibr" rid="B11">BOURDIEU, 2006a</xref>), el Estado añade
				a la fuerza física y económica los usos eficaces del sentido para el refuerzo de las
				relaciones de dominación en las sociedades modernas (<xref ref-type="bibr" rid="B10"
					>BOURDIEU, 2015</xref>):</p>
			<p><disp-quote>
					<p>El poder simbólico, como poder de constituir lo dado por la enunciación, de
						hacer ver y de hacer creer, de confirmar o de transformar la visión del
						mundo y, por ello, la acción sobre el mundo, por lo tanto el mundo; poder
						casi mágico que permite obtener el equivalente de lo que es obtenido por la
						fuerza (física o económica), gracias al efecto específico de movilización,
						no se ejerce sino él es reconocido, es decir, desconocido como arbitrario.
						Esto significa que el poder simbólico no reside en los "sistemas simbólicos"
						bajo la forma de una "illocutionary force", sino que se define entre los que
						ejercen el poder y los que lo sufren, es decir, en la estructura misma del
						campo donde se produce y se reproduce la creencia. Lo que hace el poder de
						las palabras y de las palabras de orden, poder de mantener el orden o de
						subvertirlo, es la creencia en la legitimidad de las palabras y de quién las
						pronuncia, creencia cuya producción no es competencia de las palabras. </p>
				</disp-quote></p>
			<p>El poder simbólico […] [es] capaz de producir efectos reales sin gasto aparente de
				energía (<xref ref-type="bibr" rid="B11">BOURDIEU, 2006a</xref>, p. 71 y 72).</p>
			<p>Además de la concentración del poder de fuego, el Estado (y sus agentes y agencias)
				dispone del lenguaje autorizado (por compulsión, escrito) para el establecimiento de
				las categorías del espacio y el tiempo (<xref ref-type="bibr" rid="B18">BOURDIEU,
					2015</xref>), y de los usos cultos de la lengua legítima (<xref ref-type="bibr"
					rid="B4">BOURDIEU, 1999a</xref>). Modela las formas simbólicas de la
				masculinidad y la feminidad (<xref ref-type="bibr" rid="B6">BOURDIEU, 2000</xref>);
				refuerza con ritos de institución las estéticas de la distinción y la vulgaridad en
				las sociedades de consumo (<xref ref-type="bibr" rid="B12">BOURDIEU, 2006b</xref> y
					<xref ref-type="bibr" rid="B18">2015</xref>); orienta las coordenadas del centro
				y la periferia de los mercados inmobiliarios (<xref ref-type="bibr" rid="B23"
					>BOURDIEU, 2005</xref>); promueve la percepción y el uso dominante de las artes
				(espacios, obras y artistas) (<xref ref-type="bibr" rid="B19">BOURDIEU; DARBEL,
					2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B16">BOURDIEU, 2010</xref>); consagra a
				los brillantes herederos de las escuelas de elite (<xref ref-type="bibr" rid="B21"
					>BOURDIEU; PASSERON, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B15">BOURDIEU,
					2008</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B17">2013</xref>), y marca el destino
				social de los infortunados de las urbanizaciones francesas en sus pasajes por las
				instituciones educativas devaluadas de los suburbios (<xref ref-type="bibr" rid="B5"
					>BOURDIEU, 1999b</xref>):</p>
			<p><disp-quote>
					<p>El portavoz autorizado sólo puede actuar por las palabras sobre otros agentes
						y, a través de su trabajo, sobre las cosas mismas, en la medida en que su
						palabra concentra el capital simbólico acumulado por el grupo que le ha
						otorgado ese mandato y de cuyo poder está investido (<xref ref-type="bibr"
							rid="B4">BOURDIEU, 1999a</xref>, p. 69).</p>
				</disp-quote></p>
			<p>Cerebro social de las representaciones colectivas, tal como sostenía <xref
					ref-type="bibr" rid="B24">Durkheim (1950)</xref>, y entendidas como sistemas de
				clasificación basados en categorías dicotómicas (<xref ref-type="bibr" rid="B25"
					>DURKHEIM, 2013</xref>), el Estado, según <xref ref-type="bibr" rid="B18"
					>Bourdieu (2015)</xref>, es el productor/reproductor y responsable primero de la
				inculcación de esos principios de visión y división en los agentes sociales a través
				de los procesos de socialización primaria y secundaria desplegados en el marco de
				las instituciones de la Familia y la Escuela (<xref ref-type="bibr" rid="B20"
					>BOURDIEU; PASSERON, 2001</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B19">2004</xref>).
				Unos principios elementales reforzados también por los medios de comunicación (<xref
					ref-type="bibr" rid="B7">BOURDIEU, 2003a</xref>). </p>
			<p>La doble existencia de estas categorías producidas por el Estado, en la objetividad
				de los campos<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> y las disposiciones de los
				habitus, es decir, como estructuras estructuradas y estructurantes de las prácticas
				sociales permite a <xref ref-type="bibr" rid="B11">Bourdieu (2006a</xref> y <xref
					ref-type="bibr" rid="B18">2015)</xref>, recuperando algunas ideas de <xref
					ref-type="bibr" rid="B25">Durkheim (2013)</xref> y agregando el ligamento del
				orden gnoseológico, explicar los mecanismos de integración lógica y moral del mundo
				social. Las correspondencias entre las estructuras objetivas y las estructuras
				subjetivas (mentales y corporales), según <xref ref-type="bibr" rid="B11">Bourdieu
					(2006a</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B19">2007</xref> y <xref
					ref-type="bibr" rid="B18">2015)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B10"
					>Bourdieu y Wacquant (2005)</xref>, generan un sistema de comunicación
				compartido entre los miembros de la sociedad: una unión de esquemas de percepción,
				apreciación y acción sobre la realidad social que, aún en situaciones de conflicto,
				reproducen (consciente e inconscientemente) una superficie discursiva mínima de
				acuerdos (pensamientos, conocimientos, ideas, valores):</p>
			<p><disp-quote>
					<p>Esta definición provisional consiste en afirmar que el Estado es la base de
						la integración lógica y de la integración moral del mundo social y, por eso
						mismo, el consenso fundamental sobre el sentido del mundo social que es la
						propia condición de los conflictos sobre el mundo social. Dicho de otro
						modo, para que sea posible el conflicto mismo sobre el mundo social, se
						necesita una especie de acuerdo sobre los territorios de desacuerdo y sobre
						los modos de expresión del desacuerdo. […]</p>
				</disp-quote></p>
			<p>Si ampliamos esta definición, podemos decir que el Estado es el principio de
				organización del consentimiento como adhesión al orden social, a los principios
				fundamentales del orden social, que es el fundamento necesario no sólo de un
				consenso sino de la existencia misma de las relaciones que conducen a un disenso
					(<xref ref-type="bibr" rid="B18">BOURDIEU, 2015</xref>, p. 15 y 16).</p>
			<p/>
			<p>Pero el Estado también produce/reproduce una arbitrariedad cultural dominante<xref
					ref-type="fn" rid="fn2">2</xref> que refuerza las estructuras sociales, sus
				jerarquías y desigualdades entre grupos y clases (<xref ref-type="bibr" rid="B20"
					>BOURDIEU; PASSERON, 2001</xref> y 2004). Si bien los campos culturales poseen
				una autonomía relativa respecto a las estructuras económicas, cierto es también que
				los une la dependencia relativa (<xref ref-type="bibr" rid="B20">BOURDIEU; PASSERON,
					2001</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B19">2004</xref>). Estamos en este
				punto, en última instancia y más allá de las sutiles diferencias entre autores, en
				el terreno de la tradición intelectual abierta por <xref ref-type="bibr" rid="B28"
					>Marx (2014)</xref>, y de la representación del Estado fundamentalmente como
				reproductor de las relaciones desiguales de la economía y la sociedad capitalistas a
				través de un sistema de ideas o ideología de clase (dominante):</p>
			<p><disp-quote>
					<p>1.2.3. En una formación social determinada, la arbitrariedad cultural que las
						relaciones de fuerza entre las clases o los grupos constitutivos de esta
						formación social colocan en posición dominante en el sistema de
						arbitrariedades culturales es aquella que expresa más completamente, aunque
						casi siempre de forma mediada, los intereses objetivos (materiales y
						simbólicos) de los grupos o clases dominantes. […]</p>
					<p>1.3.1. La AP<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref> cuyo poder arbitrario de
						imponer una arbitrariedad cultural reside en última instancia en las
						relaciones de fuerza entre los grupos o clases que constituyen la formación
						social en la que dicha AP se ejerce (por 1.1 y 1.2) contribuye, al
						reproducir la arbitrariedad cultural que inculca, a reproducir las
						relaciones de fuerza que fundamentan su poder de imposición arbitrario
						(función de reproducción social de la reproducción cultural) (<xref
							ref-type="bibr" rid="B20">BOURDIEU; PASSERON, 2001</xref>, p. 24).</p>
				</disp-quote></p>
			<p>El Estado construye e inculca, entonces, unos sistemas simbólicos legítimos
				constituidos como principios de clasificación que son interiorizados en los sujetos
				de diversos grupos y clases sociales por el ejercicio de la violencia simbólica<xref
					ref-type="fn" rid="fn4">4</xref> y a través de un Trabajo Pedagógico (TP) que
				nuclea Acciones Pedagógicas (AP) realizadas por agentes específicos en las
				relaciones pedagógicas familiares (asistemáticas) y escolares (sistemáticas) (<xref
					ref-type="bibr" rid="B20">BOURDIEU; PASSERON, 2001</xref>). Generando unos
					habitus<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref> individuales, que son a la vez de
				grupo y clase porque son producidos por las posiciones en el espacio social, y
				funcionan como estructuras estructuradas y estructurantes de las diferentes
				prácticas sociales, y de las representaciones legítimas de la realidad (<xref
					ref-type="bibr" rid="B12">BOURDIEU, 2006b</xref>, <xref ref-type="bibr"
					rid="B14">2007</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B18">2015</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B23">BOURDIEU; WACQUANT, 2005</xref>). </p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Estado y políticas educativas</title>
			<p>La operación significativa de la teoría social bourdieuana no radica en la elección
				excluyente de las reflexiones de Weber, Durkheim y Marx, sino en el uso riguroso y
				la amalgama creativa de estos autores y tradiciones intelectuales. Pero también
				reside en las apropiaciones intelectuales de otros autores, teorías, ideas y
				conceptos clave del campo de las Ciencias Sociales, tales como el
				estructural-funcionalismo parsoniano, el estructuralismo marxista althusseriano y la
				sociología elisiana. En un movimiento intelectual continuo de aceptación y/o
				distancia de estas corrientes de pensamiento sociológico. </p>
			<p>Así, el Estado en la sociología de Pierre Bourdieu no sólo concentra con legitimidad
				la violencia física y simbólica (porque la Sociología no empieza ni termina en/con
				Weber, y el intelectual francés reconoce que <xref ref-type="bibr" rid="B26">Elias,
					2009</xref> demostró la eficacia de la violencia simbólica como condición de
				posibilidad para la posesión del monopolio de la fuerza física), sino también la
				construcción de sistemas de clasificación fundados en categorías de percepción,
				apreciación y acción que generan el conformismo lógico y moral sobre el mundo social
				al establecer correspondencias entre las estructuras objetivas y subjetivas.
				Suturando sentidos y construyendo sistemas de comunicación compartidos por todos los
				miembros de la sociedad, que aún en situaciones conflictivas permiten el desarrollo
				de las disputas en los campos sobre un piso mínimo y común de significados y
				prácticas. Con y más allá de Durkheim… </p>
			<p>Sin embargo, esa cultura que une y comunica y es producida fundamentalmente por las
				categorías estatales, es también la que separa y consagra esas diferencias y
				distancias materiales y simbólicas, dado que las sociedades capitalistas están
				divididas en grupos y clases según la distribución (desigual) de bienes económicos y
				culturales que, en última instancia, el Estado y su producción discursiva legitima.
				Porque, para la sociología bourdieuana, el Estado y el orden social es conflicto y
				no un constructo con tendencias hacia la armonía: un posicionamiento intelectual en
				franca oposición a las ideas de equilibrio y homeostasis del sistema social
				sostenidas por el estructural-funcionalismo de <xref ref-type="bibr" rid="B29"
					>Parsons (1999)</xref>. Pero tampoco constituye un entramado de aparatos, en el
				sentido dado por <xref ref-type="bibr" rid="B2">Althusser (1988)</xref>, ya que el
				"ente moral" es un meta-campo que contiene disputas contextuales entre agentes y
				agencias por la imposición de las definiciones sobre las formas del ejercicio del
				monopolio legítimo de la violencia física y simbólica, comprendidas como las
				capacidades para establecer normativas coercitivas y regulatorias sobre las
				prácticas sociales en el marco de los contextos nacionales.<xref ref-type="fn"
					rid="fn6">6</xref> Contra Parsons, con Marx, pero lejos de los reduccionismos
				economicistas y funcionalismos marxistas:</p>
			<p><disp-quote>
					<p>¿Qué diferencia hay entre un campo y un aparato o un sistema tal como ha sido
						teorizado por Luhmann, por ejemplo?</p>
					<p>Como diferencia esencial, las luchas ¡y por ende la historicidad! Estoy muy
						en contra de la noción de aparato, que para mí es el caballo de Troya del
						"funcionalismo pesimista": un aparato es una máquina infernal, programada
						para cumplir ciertos propósitos, sin importar cuáles, cuándo ni dónde (esta
						fantasía de la conspiración, la idea de que una voluntad maligna es
						responsable por todo lo que sucede en el mundo social, acecha al pensamiento
						crítico social). El sistema escolar, el Estado, la iglesia, los partidos
						políticos o los sindicatos no son aparatos sino campos. En un campo, los
						agentes y las instituciones luchan constantemente, de acuerdo con las
						regularidades y reglas constitutivas de ese espacio de juego (y, en
						determinadas coyunturas, por esas mismas reglas), con distintos grados de
						fuerza y por ende diversas posibilidades de éxito (<xref ref-type="bibr"
							rid="B23">BOURDIEU; WACQUANT, 2005</xref>, p. 156). </p>
				</disp-quote></p>
			<p>Es que el Estado, según <xref ref-type="bibr" rid="B18">Bourdieu (2015)</xref>, tiene
				un papel destacado en la producción/reproducción simbólica del orden social: es el
				"geometral de todas las perspectivas". Selecciona, articula y construye sobre los
				puntos de vista particulares el "buen punto de vista" (con pretensiones de
				reconocimiento o validez universal). Y, para ello, se vale de las comisiones de
				expertos: cuerpos de especialistas también investidos del poder simbólico del
				Estado, que transforman el/los puntos de vista parciales en principios universales
				que ocultan las marcas de la historia y el poder. Exhibiéndolos como verdades
				oficiales y neutrales, al esgrimir los fundamentos de su existencia en la producción
				de conocimiento científico o especializado, presentada como libre de las
				contingencias, intereses y conflictos coyunturales:</p>
			<p><disp-quote>
					<p>Para obtener este efecto de des-particularización, este conjunto de
						instituciones que llamamos el "Estado" debe teatralizar lo oficial y lo
						universal, debe crear el espectáculo del respeto público por las verdades
						públicas, el respeto público por las verdades oficiales en las que se
						presume que la totalidad de la sociedad se reconoce. Debe crear el
						espectáculo de lo universal, eso sobre todo lo que el mundo, en última
						instancia, está de acuerdo, eso sobre lo que no puede haber desacuerdo
						porque se inscribió en el orden social en algún momento de tiempo (<xref
							ref-type="bibr" rid="B18">BOURDIEU, 2015</xref>, p. 47). </p>
				</disp-quote></p>
			<p>El Estado, entonces, a través del sistema de enseñanza y sus políticas educativas
				contribuye al refuerzo de la legitimidad de su monopolio de la violencia simbólica;
				introyecta unas estructuras cognitivas, corporales y evaluativas (principios de
				clasificación) que promueven la integración moral y lógica del mundo social en tanto
				sistema de comunicación compartido por todos los miembros de la comunidad; y por
				efectos de esta integración, y en estrecha relación con el capital cultural
					familiar,<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref> reproduce las
				diferencias/distancias materiales y simbólicas entre los grupos y clases sociales:
				las desigualdades de origen (<xref ref-type="bibr" rid="B20">BOURDIEU; PASSERON
					2001</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B19">2004</xref>; <xref ref-type="bibr"
					rid="B11">BOURDIEU, 2006a</xref>,<xref ref-type="bibr" rid="B12">b</xref> y
					<xref ref-type="bibr" rid="B13">2015</xref>). Pruebo de ello, los juicios
				diferenciales emitidos y asignados según la posición social por la Escuela y la
				Universidad, y la traducción de esos veredictos en los títulos educativos, que
				operan como capital cultural institucionalizado y funcionan con su
				posesión/desposesión como signos de nobleza y estigmatización culturales, y al mismo
				tiempo como valores de cambio (graduales) en los mercados (<xref ref-type="bibr"
					rid="B9">BOURDIEU, 2003c</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B12">2006b</xref> y
					<xref ref-type="bibr" rid="B17">2013</xref>):</p>
			<p><disp-quote>
					<p>Conociendo la relación que se establece entre el capital cultural heredado de
						la familia y el capital escolar por el hecho de la lógica de la transmisión
						de capital cultural y del funcionamiento del sistema escolar, sería
						imposible imputar a la sola acción del sistema escolar […] la fuerte
						correlación observada entre la competencia en materia de música o pintura (y
						la práctica que esta competencia supone y hace posible) y el capital
						escolar: este capital es, en efecto, el producto garantizado de los
						resultados acumulados de la transmisión cultural asegurada por la familia y
						de la transmisión cultural asegurada por la escuela (cuya eficacia depende
						de la importancia del capital cultural directamente heredado de la familia).
						Por medio de las acciones de inculcación e imposición de valores que ejerce,
						la institución escolar contribuye también (en una parte más o menos
						importante según la disposición inicial, es decir, según la clase de origen)
						a la constitución de la disposición general y trasladable con respecto a la
						cultura legítima que, adquirida conjuntamente con los conocimientos y las
						prácticas escolarmente reconocidas, tiende a aplicarse más allá de los
						límites de lo "escolar". […]</p>
				</disp-quote></p>
			<p>El efecto mejor encubierto, sin duda, de la institución escolar, [es] el efecto que
				produce la imposición de titulaciones, caso particular del efecto de asignación de
				estatus, positivo (ennoblecimiento) o negativo (estigmatización), que todo grupo
				produce al asignar a los individuos a unas clases jerarquizadas (<xref
					ref-type="bibr" rid="B12">BOURDIEU, 2006b</xref>, p. 20).</p>
			<p>En Argentina (y como hipótesis, también en otros países de América Latina), el Estado
				selecciona un conjunto de conocimientos especializados producidos por agentes y
				agencias del campo educativo local, que a su vez generan esos saberes
				político-pedagógicos a partir del ejercicio de múltiples usos y apropiaciones
				intelectuales predominantemente de autores, teorías y conceptos de los campos de las
				Ciencias Sociales y Humanidades europeas y norteamericanas, para la producción y
				reproducción de las políticas educativas (<xref ref-type="bibr" rid="B1">AMAR,
					2016</xref>). Estos usos y apropiaciones intelectuales específicos están
				signados por el eclecticismo (<xref ref-type="bibr" rid="B1">AMAR, 2016</xref>),
				dado que las ideas (y políticas educativas), según <xref ref-type="bibr" rid="B13"
					>Bourdieu (2006c)</xref>, viajan y son recibidas en campos ajenos al de su
				creación originaria, y muchas veces son reorientadas por sujetos e instituciones
				según sus pasiones, deseos, intereses y estado de fuerzas relativas en las disputas
				comprometidas por las formas de poder cristalizadas en/por los microcosmos foráneos.
				Incluso por las "fuerzas de no-recepción" (la negación del saber, el "odio a la
				verdad", el conocimiento por frases o slogan).</p>
			<p>De esta manera, lo universalmente válido/validado por el Estado en sus políticas
				educativas bajo el nombre del interés público y el buen punto de vista, queda
				develado en la sociología bourdieuana como una construcción situada de poder. Como
				una configuración atravesada no sólo por el resultado de las luchas y demandas
				históricas en los campos educativos, sino también por las contiendas e influencias
				ejercidas por las esferas políticas, económicas y culturales sobre aquello que
				merece ser problematizado por la educación institucionalizada. Dado que el Estado es
				una estructura multiforme y compleja, con disputas entre agentes y agencias en
				diversos microcosmos por el establecimiento de formas específicas de poder, y no el
				comité unificado y totalmente articulado de la clase dominante: unas ideas
				compartidas con <xref ref-type="bibr" rid="B27">Foucault (2016)</xref>, y que
				permiten pensarlo, parafraseando a <xref ref-type="bibr" rid="B30">Voloshinov
					(2009)</xref> sobre el lenguaje verbal, como una arena privilegiada de ofensivas
				y contraofensivas entre grupos y clases por el dominio de la acentuación
				(ideológica) de los signos. Pero no sólo de los lingüísticos… </p>
			<p><disp-quote>
					<p>En memoria de mi padre, Roberto Amar</p>
					<p>Hernán Mariano Amar, 7 de diciembre de 2017</p>
					<p>Buenos Aires, Argentina</p>
				</disp-quote></p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>*</label>
				<p>Se agradece la lectura atenta y minuciosa de Guillermo Bianchi,
					docente-investigador de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>El campo es un espacio en el que agentes y agencias, ubicados en determinadas
					posiciones y con habitus específicos producen estrategias tendientes a conservar
					o subvertir la posesión del capital puesto en juego por el microcosmos social.
					De esta lucha o disputa por los recursos o formas de poder resulta un estado
					objetivo de fuerzas relativas entre grupos y clases (<xref ref-type="bibr"
						rid="B22">BOURDIEU, 1995</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B8"
					>2003b</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B10">2005</xref> y <xref
						ref-type="bibr" rid="B14">2007</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B20">Bourdieu y Passeron (2001)</xref> entiende por
					arbitrario cultural dominante el conjunto de sistemas simbólicos producidos
					socialmente y asumidos como legítimos en un período histórico determinado, sin
					recurrencias a fundamentos de carácter divino o natural. Es contextual y
					construido no por la "sociedad", sino por los grupos y clases sociales
					dominantes que detentan los poderes materiales y simbólicos. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>Acción Pedagógica.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>Por violencia simbólica, <xref ref-type="bibr" rid="B22">Bourdieu y Wacquant
						(1995</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B10">2005)</xref> comprenden
					aquella violencia que es ejercida con la anuencia o consentimiento (pasivo o
					activo) del dominado. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Varias son las aproximaciones a la noción de habitus en la obra de Bourdieu.
					Entre otras, se destaca la que lo define como una estructura, estructurada y
					estructurante a modo de esquemas que funcionan en estado práctico como
					categorías de percepción, apreciación y acción, y al mismo tiempo como
					principios condicionantes y orientadores de las prácticas sociales (<xref
						ref-type="bibr" rid="B22">BOURDIEU, 1995</xref>, <xref ref-type="bibr"
						rid="B23">2005</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B14">2007</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>"(El Estado) es un conjunto de campos administrativos o burocráticos (a menudo
					bajo la forma de comisiones, oficinas y consejos), dentro de los cuales agentes
					y categorías de agentes, gubernamentales y no gubernamentales, luchan por esta
					forma peculiar de autoridad que consiste en el poder de mandar por medio de la
					legislación, regulaciones, medidas administrativas (subsidios, autorizaciones,
					restricciones, etc.), en suma, todo lo que normalmente ponemos bajo el rubro de
					las políticas de Estado" (<xref ref-type="bibr" rid="B23">BOURDIEU; WACQUANT,
						2005</xref>, p. 168).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B9">Bourdieu (2003c</xref> y <xref ref-type="bibr"
						rid="B12">2006b)</xref> distingue cuatro capitales (económico, cultural,
					social y simbólico), pero considera que el capital económico y el capital
					cultural, en ese orden, determinan en última instancia las posiciones sociales.
					El capital cultural, según <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourdieu
					(1979)</xref>, presenta la forma de tres estados: objetivo (físico,
					instrumental, objetual), incorporado (habitus) e institucionalizado (títulos
					educativos). El capital científico, por ejemplo, puede ser leído como capital
					cultural, pero también como capital simbólico en tanto conocimiento y
					reconocimiento de su posesión por parte de pares e instituciones sociales
					(2003b). </p>
			</fn>
		</fn-group>
		<ref-list>
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						(1971-1989)</bold>. Buenos Aires: Biblos, 2016.</mixed-citation>
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							<surname>AMAR</surname>
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						</name>
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					<source>Bourdieu en el campo educativo argentino (1971-1989)</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
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